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SUEÑOS ROTOS. ILUSIONES NUEVAS

Eduardo GarcíaEn plena carrera electoral, cuya pugna por la gestión municipal –y autonómica- nos deja imágenes muy ilustrativas (recuerde aquello que dice: una imagen vale más que mil palabras) que resumen el estado actual de Alcázar de San Juan.
Hace un par de años este municipio sufrió un infarto. Es el mejor ejemplo. Al igual que en todo el mundo, Alcázar de San Juan, vivía en “riquezas”, y era el modelo que a muchos socialistas gustaba mencionar como ciudad pionera.
Bódalo sacaba pecho por cada promesa de empleo, de sanidad y de cualquier otra materia –porque él parecía creador de cielo y tierra- mientras afilaba cuidadosamente las cuchillas de unas tijeras que sólo servían para cortar cintas “inauguradoras” cuando debieron dar algún que otro corte en impuestos, o en gestiones financieras de CCM.


Los medios de comunicación engullían cualquier anuncio a bombo y platillo de Bódalo (añádase: Parreño, Coralio, Tejado, Melchor, etc), atraídos por “los cantos de sirena” que entonaban los socialistas.
Recordemos algunos datos: siete mil puestos de trabajo para la plataforma logística, la creación de un pabellón multiusos, la realización de un puente subterráneo.
Resultó un banquete hipercalórico que les hizo engordar hasta más de 30 millones de euros de deuda municipal; 15 millones de euros de inversión en el pabellón que aún no sirve para nada; 8 millones de euros para un puente, que parece más un pantano –porque a consecuencia de las prisas de inaugurarlo no evacua las aguas pluviales-.


La población (confiada y desconfiada) se vio sacudida por una arritmia cardiaca llamada “desempleo” y la economía de más de 3.000 parados en Alcázar de San Juan fibrilaron estrepitosamente, mientras la terapia usada desde el Gobierno de Bódalo fue la subida de impuestos y el recorte en derechos sociales.
Hoy, el enfermo tiene ilusiones nuevas ante un futuro más prometedor porque ha recibido la visita –muy esperada- del próximo doctor en buenas políticas: Diego Ortega, quien deberá ponerse guantes y mascarilla por el hedor, ya humeante, de quienes dejaron en situación decúbito supino a una ciudad que necesita respiración asistida por encontrarse casi cadáver.


Y le acompaña un equipo de profesionales en curas y paliativos que no quieren mirar nada más que al fondo del asunto.
No son promesas lo que necesitamos, queremos soluciones. Pero que no tengan un fondo negro (como el cartel electoral de Barreda), sino cargado de ilusiones nuevas, porque más de tres mil sueños ya se han roto.


Por Eduardo J. García Villajos
Abogado

 

 


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